Cómo transmitir a los hijos valores como el respeto, la paciencia, la cooperación, la generosidad y muchos otros.
En el lenguaje común cuando hablamos de “valores” por lo general, nos estamos refiriendo a ciertos ideales (la justicia, la bondad, la libertad) o a principios éticos universales (el respeto a la vida, a la dignidad, la no discriminación por razones sociales, de sexo, de libertad de expresión, entre otros).
Sin embargo, los valores son también cualidades: nosotros estamos permanentemente dando valor a las personas y a los objetos. En la vida concreta por lo general, no nos estamos refiriendo de manera abstracta a la justicia, sino sobre si algo o alguien es justo o injusto. Esto es particularmente importante desde el punto de vista educativo, pues se trata de que los niños aprendan a valorar, es decir aprendan a dar valor, sea éste positivo o negativo, de aceptación o rechazo, frente a determinadas situaciones personales y sociales concretas, dándole también valor a los objetos: cosas personales, por ejemplo.
En este sentido es donde la educación en valores tiene un doble desafío: por un lado, informar y transmitir a los niños los principios y valores de aceptación general y universal como, por ejemplo, los contenidos en la Constitución Política del país y los pactos internacionales suscritos por Chile como la declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención Internacional de los Derechos del Niño; y por otro lado, entregar herramientas cognitivas, afectivas y capacidad de actuar que le permitan a los niños aprender a valorar y a discernir.
Los valores permiten a la persona construir su identidad, y actúan como guías de conducta. Sin embargo, ningún sistema de valores permite soslayar el momento del discernimiento, ni el discernimiento se puede separar de la sensibilidad moral que tenga una persona. Aprender a valorar significa aprender a pensar sobre problemas morales concretos, e implica una educación de la sensibilidad frente a los problemas de los otros.
Históricamente la formación de los valores había sido una tarea casi exclusiva del colegio. Sin embargo, hemos sido testigos de una transformación en la sociedad debido en gran parte a los avances científicos y tecnológicos. Estos cambios han situado al colegio y a la familia en un escenario diferente respecto a la educación de sus hijos. Por ello resulta relevante reflexionar, tomar conciencia y actuar, considerando que junto con el colegio hay muchos otros agentes socializadores poderosos que trasmiten eficazmente una cantidad enorme de pautas, conductas y normas que muchas veces se relacionan más con contravalores (opuestos a los valores universalmente compartidos), que con valores: los avisos publicitarios, la T.V., los diarios, en general los medios de comunicación masivos.
El niño interioriza los valores a partir de lo que ve día a día. Esto será lo que afectará su existencia, sus conductas, ideas y sentimientos.
En la vida real suele no darse una diferenciación muy clara entre valores positivos y negativos y en muchos momentos uno debe optar entre valores igualmente deseables o positivos. En este sentido es importante educar a los niños en la tarea de aprender a valorar y a discernir en situaciones de conflicto de valor ayudados por los adultos cercanos. Esto debe hacerse atendiendo al nivel de desarrollo en que se encuentren. Por lo cual es necesario partir de su realidad: edad, capacidades y formas de ser y no de expectativas abstractas. En ese sentido hay que cuidar el equilibrio entre exigir demasiado, olvidando que el niño es niño y, sobreproteger y no permitir que crezca en su desarrollo como persona.
Para aprender a valorar es necesario desarrollar ciertas dimensiones morales de la personalidad. Entre las más importantes cabe destacar el desarrollo del razonamiento moral, de las habilidades y capacidades de diálogo, la autorregulación y el desarrollo de la sensibilidad moral. Se trata de que el niño poco a poco vaya desarrollando una capacidad de empatía con los otros, que adquiera sensibilidad frente a los problemas de su entorno, que aprenda la capacidad de una actitud de diálogo y de escucha, que vaya cuestionando las formas preconvencionales del razonamiento moral propias de la infancia y que desarrolle niveles básicos de autorregulación de la conducta en función del proceso valorativo al que él mismo ha llegado.
La “Educación en valores” se desarrolla hoy en día en forma integral, a través de diferentes áreas de trabajo tales como:
- Educación para la democracia, donde podemos destacar valores tales como: libertad, respeto, participación, etc.
- Educación para la salud y el autocuidado, donde podemos referirnos a: la perseverancia, autocuidado, prolijidad, prudencia, paciencia, etc.
- Educación para el desarrollo personal y la autonomía, donde se puede hablar de: empatía, capacidad prosocial, responsabilidad, sinceridad, solidaridad, confianza, etc.
- Educación para una igualdad entre los sexos, donde podemos referirnos, por ejemplo, a: la justicia, la no discriminación, tolerancia, empatía, etc.
- Educación ambiental, que tiene que ver con: respeto, cuidado, defensa, justicia, etc.
- Educación para la paz, relacionada con valores como la: solidaridad, confianza, respeto, entre otros.
Es conveniente de que estos temas transversales se asuman de manera primordial por profesores en conjunto con la familia de los niños de manera que exista congruencia en este sentido entre el colegio y el hogar, teniendo conciencia del rol de modelaje que juegan tanto los docentes como los padres, preocupándose de transmitir en sus propias actitudes y conductas, valores tales como la solidaridad, la libertad, el respeto, la bondad, la fraternidad, etc.
La vida cotidiana del colegio proporciona una importante materia prima para el trabajo en valores. A lo largo de la jornada diaria se están produciendo siempre dilemas morales, que es posible abordar con un sentido de ir reforzando los valores positivos y universales y sobre todo ir desarrollando la capacidad de discernimiento propio, así como la construcción dialogada y colectiva de normas de convivencia. Para ello es necesario estar en proceso permanente de conversación y reflexión sobre las normas que regulan la interacción de los niños en el establecimiento.
Los padres enseñan al niño o niña a comportarse como hombre o mujer, a establecer una jerarquía entre las cosas, a llegar a la convicción de que algo importa o no importa, vale o no vale, es un valor o contravalor. Por lo tanto, es importante priorizar ciertos valores y estar dispuesto a defenderlos siempre.
La familia considerada en su diversidad, constituye el núcleo central básico donde el niño se forma en sus significados más personales, realizando así en esta etapa de la vida una labor formativa insustituible.
El niño construye su base afectiva de acuerdo a la experiencia cotidiana de sentirse querido, aceptado y valorado como persona, considerando sus características, necesidades e intereses.
Un niño que tiene una sólida formación en valores es, en general, consistente con ellos en cualquier situación, esté con sus padres o con sus amigos, vigilado o sin control.
La experiencia del juego grupal es muy importante para el desarrollo de los avalores. En estos juegos los niños deben aceptar ciertas normas que son la explicitación a nivel colectivo de un valor. Por ejemplo, esperar turnos (respeto), formar grupos y ganar o perder en conjunto (lealtad), compartir materiales, golosinas, colación (generosidad). También en estos juegos colectivos el niño aprende normas que le permiten integrarse con sus pares y tener experiencias positivas para el desarrollo de su autoestima y confianza.
Finalmente, es importante tomar en cuenta que la coherencia valórica es deseable. Pero, ¿quién puede exhibir una coherencia perfecta?, ¿quién no ha tenido alguna transgresión al valor que sostiene verbalmente? El que reconoce una debilidad entrega una posibilidad adicional de aprendizaje. Compartir las dificultades para tener coherencia valórica hacen más cercano al padre con el hijo, lo hacen semejante, e invita a redescubrir el valor por tros caminos que son infinitos.
Ideas centrales
Los niños aprenden a valorar, es decir, aprenden a dar valor a determinadas situaciones personales y sociales concretas.
Los niños aprenden los valores fundamentalmente de las conductas, actitudes y relaciones que establecen con os adultos significativos para ellos; sus padres, profesores, parientes, amigos.
Un hogar afectivo, que favorece el diálogo, la confianza y la autonomía en los niños, tiene mayor posibilidad de educar en valores.
Los padres y profesores modelan valores en los niños, por lo tanto, es importante que se preocupen de transmitirlos en su conducta y actitudes, siendo coherentes entre lo que sienten y lo que hacen.
Los padres deben procurar:
Tomar conciencia de su importancia en la formación valórica de sus hijos.
Compartir y reflexionar sobre cuáles son los valores mas importantes que quieren transmitir a sus hijos.
Reflexionar sobre el significado práctico de algunos dilemas morales en los que se presentan valores, tales como: respeto hacia los demás, la honestidad, la paz, solidaridad).
Actividades para realizar en familia
Actividades propuestas
Converse en pareja y/o con otros adultos responsables de la educación de su hijo lo siguiente:
¿Nos ocurre a veces lo del “Padre Gatica, que predica, pero no practica?
¿Transmito con mis conductas contravalores que no quiero que mis hijos aprendan? (violencia, falta de respeto, egoísmo, etc.).
Anote algunas reflexiones que surjan de la conversación.
Vean junto a sus hijos algún programa de televisión, que ellos vean habitualmente, por ejemplo una serie de dibujos animados, pídales su opinión, comente con ellos lo visto, haciendo énfasis en el aspecto valórico. |