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La familia frente a la televisión |
LA TELEVISIÓN Y SUS EFECTOS
La televisión, como cualquier cosa, si no es aprovechada útil, sabia y responsablemente se ha de convertir en un auténtico enemigo de la persona humana, del matrimonio y de la familia, con sus repercusiones inmediatas en la sociedad. Si se emplea inmoderadamente, sin criterios y según el gusto de los usuarios, puede propiciar graves consecuencias.
Las actitudes ante el televisor
Ante el televisor existen muchas actitudes variadas y diferentes.
1. La primer actitud es la de una madre que la emplea como su niñera. Para que los hijos se estén tranquilos, los envía a ver la televisión. “¡Estense quietos y no den lata! ¡Vayan a ver la tele!” Suele ser una de las más frecuentes órdenes que una mamá da a sus hijos.
2. Una segunda actitud es la del niño que busca a toda costa ver la tele. Su imaginación y su creatividad está muy atrofiada. Necesita a gritos el sentarse a ver la tele. Es lo único que le entretiene.
3. Otra actitud más es la de droga de refugio. Desde que amanece ya está encendida la tele. Da miedo estar en silencio en la casa. Da miedo estar con uno mismo. Por tanto la tele se convierte en la mejor salida para nuestra soledad.
4. Una más es el miedo para sociabilizar con los familiares, sean padres, esposos o hijos. Preferir ver la tele que no molesta, que no cuestiona, que no hace pensar, en vez de entablar diálogo con los familiares.
5. El aburrimiento. Como no se es capaz de ser creativo para romper con el aburrimiento, llenamos nuestra vida con la televisión.
6. También, es muy frecuente encontrar la actitud de justificación. “Pues para estar al día y saber qué pasa en el mundo y lo que ven los demás, veo la tele. Yo no me voy a quedar sin saber todo eso”.
Las consecuencias en los hijos
El abuso desmedido en el empleo de la televisión acarrea graves consecuencias para con nuestros hijos. Analizaremos algunas de ellas.
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Dado que el niño al estar frente al televisor en una actitud pasiva, es decir, sin hacer ningún esfuerzo, poco a poco se va atrofiando su capacidad creativa. Su imaginación se convierte en un reproductor de las imágenes percibidas en la tele, perdiendo la inventiva personal
Por otro lado, como es tan atractivo el percibir esas imágenes, se acostumbra rápidamente a vivir exclusivamente de ellas, causando un deterioro en su capacidad de reflexión. Si no se presentan dichas imágenes le costará mucho trabajo emplear su pensamiento.
El abuso de la televisión desarrolla en el niño el buscar la distracción como fundamento de su vida. Si no se distrae, se aburre.
Se desarrolla en él una dependencia de la pequeña pantalla, pues sin ella no sabe qué hacer, la necesita para estar contento. ¡Tu hijo, esclavo dependiente de la tele!.
También, es causa de dispersión. Aunque aparentemente pone mucha atención a la tele, ésta le presenta las imágenes a una velocidad cada día más rápida. Si en su vida diaria no encuentra cambio de imagen rápido, se aburrirá, llevando como consecuencia la falta de la capacidad de atención. La disipación es un gran daño que sufre nuestra sociedad actual.
Además de las consecuencias anteriores, nos encontramos con problemas en la voluntad de los niños, pues la televisión exige nada o casi nada de esfuerzo. Si el niño pasa tantas horas sin hacer esfuerzo, se acostumbrará profundamente a no realizar ninguno durante el resto del día. Esto dañará fuertemente al rendimiento escolar, a la formación de hábitos, a luchar, en definitiva, en la vida.
El constante tormento de publicidad hará que la criatura vea como norma de vida al consumismo. Se creará en él la necesidad de consumir productos, creando de forma muy arraigada la cultura materialista.
Otra grave consecuencia que produce en nuestros hijos, es el verse expuestos indefensamente a la violencia, a la pérdida de valores. Si un niño ve diariamente muchos actos violentos, pronto su vida se desarrollará en este sentido.
Las consecuencias en el matrimonio
La televisión, en uso indiscriminado, también trae consecuencias graves para un matrimonio.
Los padres no están exentos a las consecuencias que vimos que aparecen en los hijos. Sí. Los papás, los esposos, también las sufrirán.
Además de ellas, la televisión llega a sustituir a la relación y al diálogo conyugal, pues el matrimonio prestará más atención sin esfuerzo a la agilidad de la tele, a las imágenes, que a su propio cónyuge. Recordemos que para que se desarrolle el diálogo es necesario realizar un esfuerzo. Cuando tu capacidad de esfuerzo está atenuada por la disipación, ¿querrás esforzarte para atender a tu cónyuge cuando la tele te entretiene más a costa de menor esfuerzo?.
Graves consecuencias suscitan la televisión cuando es introducida a la recámara de los esposos. La atención de ellos estará en la pantalla, no en la persona del cónyuge.
El matrimonio, si usa desmedidamente y sin criterio a la televisión, poco a poco irá adoptando los comportamientos de los artistas, de los personajes que en ella se presentan. Es decir, la televisión y sus actitudes se convertirán en norma de vida para los esposos: la visión del matrimonio, del sexo, de las costumbres, de los principios de vida, los valores serán los que la tele presente.
Cada día se despertará en los esposos la dependencia de la tele, a tal grado que el matrimonio se convertirá en un pasar el tiempo juntos viendo al televisor. ¿Cuántas horas se perderán para el crecimiento de los esposos, para planear juntos, para dialogar y acercarse mutuamente si la pequeña pantalla es el centro de los dos?
Las consecuencias en la familia
La televisión, si se emplea indiscriminadamente, también deja en la familia algunas consecuencias graves.
Sobre todo el influjo televisivo se deja sentir cuando se convierte en el motivo de la convivencia familiar. Es decir, si la tele sustituye a los miembros de la familia para que se reúnan. Generalmente, cuando los padres y los hijos están viendo la tele, la convivencia entre éstos se limita a compartir un espacio físico y atender al mismo objeto. No hay convivencia, sino simplemente cohabitación.
Es de especial peligro cuando la televisión está encendida durante la comida. Ese momento privilegiado del día para convivir familiarmente, participar, comentar, relacionarse se somete al dominio de la pequeña pantalla, pues la atención de todos está polarizada en las imágenes y en el sonido producido por ésta. El sentido de reunión familiar se convierte en espectadores pasivos que no se interrelacionan. Más aún, hay molestia cuando alguno de los presentes habla y no deja oír a la tele, o se levanta y tapa la visión.
En muchas familias, al haber más de una televisión, se permite la desintegración de la reunión pues algunos quieren ver un programa, otros otro. Así cada tele tendrá su propio público, ¡a costa de la desintegración familiar!.
¿Qué criterios emplear para ver la televisión?
1. La televisión es un medio, es una herramienta que las personas tenemos para ser mejores. No es un fin.
2. Emplear la televisión con un objetivo definido. ¿Para qué voy o vamos a ver este programa? ¿Qué finalidad persigo al verlo?
3. Por tanto, cada sesión de televisión tendrá una intencionalidad: descanso, entretenimiento, educación, información, cultura,…
4. Ver la televisión activamente. Es decir, no sentarse a ver nada más lo que aparezca en la pantalla, sino comentarlo, analizarlo, ver qué tiene de provecho o de daño,…
5. Distribuir las horas o tiempos destinados a la televisión. Es decir, establecer durante el día a qué horas se va a ver la televisión activamente.
6. Seleccionar los programas de acuerdo a las intenciones y objetivos. Es decir, establecer qué programa se va a ver y a qué horas.
7. Dejar a la televisión únicamente los tiempos que se requieran para cumplir con los objetivos. Así no se dejarán de realizar muchas actividades formativas y educativas, tanto para los hijos como para los padres.
8. Comentar en familia el valor de cada programa o corte comercial, para ejercitarse continuamente en la reflexión.
9. Comentar, también, qué valores son los que se promueven y viven en dicho programa.
10. Tener a la televisión en un lugar que fomente la integración familiar. De preferencia sacarla de los dormitorios, de la cocina o lugar de comida, para que no sustituya a la familia en su encuentro.
11. Conocer los programas que ven los hijos. Muy pocas caricaturas y programas realmente son educativos.
12. Sentarse con los hijos a comentarlas, previniendo posibles antivalores o actitudes negativas que ahí aparezcan.
13. Pedir la opinión de todos y cada uno de los presentes sobre tal o cual personaje, imagen o circunstancia que aparezca.
14. Informarse sobre los programas que posiblemente puedan ser formativos.
15. Que los periodos para ver la televisión sean breves, para evitar la dependencia de ésta.
16. Fomentar actividades de entretenimiento en juegos, lecturas, etc., que sustituyan a la necesidad de ver la tele.
17. Cuidar mucho, especialmente si sin niños pequeños los que ven la tele, el tipo de comerciales que aparecen.
18. No perder de vista que la televisión es un medio, que puede ser aprovechado estupendamente como formación, o que puede ser la causa del debilitamiento de los niños, de la relación familiar o conyugal.
19. Procurar emplearla lo menos posible.
20. Nunca dejar solos a los niños frente a ella.
La información fue tomada del Manual de Escuela para Padres, del autor Francisco de P. Cardona Lira, Orientador Familiar.
¡ALGO IMPORTANTE!
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