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Técnicas de estudio: Aprendiendo a estudiar 

Por Irene Gutiérrez.

 

Todos los años lo mismo. Libros, apuntes, bibliografías recomendadas y cientos de textos que nuestros hijos se ven obligados a asimilar.

Para evitar los atracones de los últimos meses del año, lo mejor será que les ayudemos a adquirir buenos hábitos de estudio a nuestros hijos adolescentes.

Así, no sólo desaparecerán buena parte de los agobios y los despistes de última hora, sino que además conseguirán mejorar notablemente sus resultados.

A pesar de los avances que se han producido durante las últimas décadas en el mundo de la docencia, una parte importante de los adolescentes siguen sin saber estudiar, y desconocen que sus resultados académicos mejorarían extraordinariamente con poner, tan sólo, un poco de orden en sus horas de estudio.

Todo listo

Ponerse a estudiar exige cierta preparación previa. No por estar hasta altas horas de la madrugada encerrado en el cuarto se rinde más. De hecho, si las dos primeras horas de estudio se dedican únicamente a sacar punta a sus lapiceros, evidentemente después de esta ardua tarea no sólo no se tendrá ganas de estudiar, sino que demás se habrá perdido inútilmente toda la tarde.

Aunque esto resulte una exageración, es cierto que en la mayoría de los casos, nuestros hijos se sientan delante de la mesa sin tener preparado el material, los libros o los apuntes necesarios.

De este modo, su trabajo escolar suele prolongarse innecesariamente, perdiendo un tiempo precioso que podrían dedicar a tareas mucho más divertidas para ellos.


Planificar las horas de estudio es el siguiente paso para comenzar a estudiar correctamente. Dicha planificación debe tocar varios aspectos. Desde marcarse objetivos y distribuir el tiempo disponible hasta elaborar su propia agenda de trabajo. Todos estos trucos le permitirán aprovechar, al máximo, los momentos de estudio y mejorar su rendimiento.

Asimismo, la motivación personal también jugará un papel fundamental. Si nuestro hijo es incapaz de decidir por sí mismo que no debe levantarse de la mesa hasta haber realizado todas las tareas previstas para ese día, cualquier técnica de estudio resultará inútil.

Sin pestañear

Es un hecho demostrado que los chicos y chicas que tienen poco hábito de estudio suelen tardar media hora más en estar aprendiendo de verdad. Precisamente por ello, la concentración es tan importante como la planificación.
Si nuestro hijo se habitúa a empezar a estudiar todos los días a la misma hora, sacará mucho más partido a su trabajo.

En cualquier caso, no sólo debe verse obligado a cumplir estrictamente con su horario sino que tendrá que evitar todos los elementos que le puedan despistar. La música, el teléfono, los posters, los ruidos... son malos consejeros a la hora de estudiar.

Asimismo, tendremos que procurar que sus momentos de trabajo sean más o menos continuados. Esto no significa que no puedan realizar pequeños descansos, pero si que éstos sean superiores a 5 minutos por cada hora de estudio.

Además, no debemos dejarles caer en la tentación de sentarse frente al televisor durante estas interrupciones, pues este tipo de entretenimientos provocan que la capacidad de concentración de nuestro hijo sea menor que si hubiese realizado cualquier otra actividad.

A fondo

Una vez metido de lleno en la tarea y con todo el material preparado nuestro hijo tendrá que marcarse una serie de normas a seguir:

1. Lectura detenida y reflexiva del texto.

2. Identificación de las ideas principales.

3. Elaboración de un esquema a partir de las ideas subrayadas.

4. Memorización de las ideas. Utilización de trucos de memoria para recordar fechas y nombres.

5. Aplicación práctica de lo aprendido y realización de ejercicios.


En primer lugar, será conveniente realizar una lectura previa y detenida de cada uno de los capítulos que se hayan previsto estudiar para ese día.
De este modo le resultará realmente fácil extraer sus primeras conclusiones y comprender el sentido global del texto.
En esta etapa convendrá identificar las ideas principales escogiendo y subrayando aquellas más importantes o que más relación tengan con el enunciado del capítulo.

Después de finalizar la primera lectura reflexiva será bueno anotarlas en un papel a modo de esquema de ideas. El objetivo último de esta tarea es elaborar un pequeño resumen con frases completas sobre el tema en cuestión. Sólo se tendrá la certeza de que el esquema está bien hecho si su lectura ayuda a recordar la totalidad del tema analizado.

Memoria de elefante

Después de la elaboración del esquema, la mayoría de los conceptos habrán sido asimilados aunque aún quedarán algunas fechas o nombres que nuestro hijo tendrá que memorizar.

Quizá esta tarea, pueda llegar a convertirse en la parte más pesada de todo el proceso por lo que, convendrá utilizar pequeños trucos de memoria que faciliten esta labor.

Si enseñamos a nuestro hijo a relacionar algunas fechas con el teléfono de casa o con el día de su cumpleaños no sólo le resultará más sencillo memorizar, sino también más divertido.

Por último, el mejor modo de no olvidar las lecciones aprendidas es poner en práctica la materia estudiada. Cuantas más veces se autopregunte un estudiante o cuantos más problemas y ejercicios se realicen, más fácil será detectar y corregir a tiempo los errores, antes del "fatídico" día del examen. Quien ha practicado incansablemente a la hora de estudiar es muy difícil que se equivoque luego, en tonterías o en operaciones sencillas.

Por escrito

Una vez concluido el estudio, nuestro hijo tendrá que comprobar si realmente ha aprendido todo lo que se propuso. De poco le habrán servido todas sus horas de estudio si es incapaz de cerrar el libro o los apuntes e intentar repetir lo aprendido.

En estos casos lo mejor es hacer estos ejercicios por escrito aunque sea de forma rápida y con letra poco cuidada. Al fin y al cabo el objetivo último de todas estas técnicas de estudio es asentar los conocimientos y descubrir las lagunas y no perder el tiempo prestando excesiva atención a la caligrafía.

Hay que destacar la importancia del repaso. Ya sea a lo largo de los fines de semana o durante unos minutos cada día, el repaso es imprescindible a la hora de afianzar los conocimientos adquiridos con anterioridad.

Es inevitable que a nuestro hijo le cueste recordar un texto si después de haber trabajado incansablemente abandona las materias ya aprendidas en el baúl de los recuerdos.

Tras el estudio conviene establecer un plan de repasos para paliar los efectos del olvido. Nuestra colaboración puede ser de gran importancia en esta fase, pues hay muchos chicos que prefieren que les pregunten las lecciones antes que repasar ellos solos.

Además, este pequeño trabajo en familia nos resultará muy útil, pues podremos comprobar el nivel de conocimientos que posee nuestro hijo y si necesita reforzar, especialmente, alguna asignatura.

En resumen...

-Para el estudiante:

Acostúmbrate a preparar todo el material que vayas a necesitar antes de ponerte a trabajar. Tener un basurero a mano te ahorrará las innecesarias visitas a la cocina.

Proponte no levantarte de la silla hasta no haber acabado una materia. Entonces 5 ó 10 minutos de "despeje", si no son de televisión, pueden ayudarte a acometer la siguiente lección o asignatura con más energía.

Ten siempre papel a tu lado para elaborar esquemas y resúmenes de lo que vas estudiando. También te puede servir para desarrollar operaciones de un problema antes de pasarlo a limpio.

Procura destinar al menos, un par de veces a la semana, un tiempo del estudio al repaso de temas aprendidos las semanas anteriores. No es una utopía, depende sólo de ti mismo conseguirlo.


-Para los padres:

Fijaos en cómo estudia vuestro hijo. De este modo podréis poner solución a cualquier problema a tiempo e, incluso, ofrecer vuestra ayuda en un momento dado.

Animadle a elaborar un horario. Al principio le costará cumplirlo pero pronto se habrá acostumbrado a él y las horas de estudio se le harán menos cuesta arriba.

Igual que valoráis los buenos resultados y las mejoras, también habrá que disculparle y animarle en los pequeños baches que todos pasan alguna vez.

Estar a disposición de vuestro hijo siempre que lo necesite no quiere decir que debáis sustituirle en sus trabajos. Al fin y al cabo, ellos son los que tienen que examinarse.

Para evitar que el repaso se convierta en una pesadilla, podéis intentar algo nuevo. Pedidle que elabore unas sencillas fichas con preguntas relacionadas con la materia del curso. Una vez construidas, utilizadlas al azar permitiendo que sea él quien escoja libremente el cartón.

A esto se le pueden añadir multitud de variantes: sumar puntos por respuestas acertadas, participar vosotros compitiendo con él, incluir alguna pregunta de actualidad... Es muy probable que vuestro hijo en su afán de demostramos su nivel de conocimientos intente esforzarse un poco más a la hora de estudiar.